"Toda la novela surge de una idea que tuve hace tiempo y que me obsesiona: cómo puede cambiar toda tu vida en un solo momento"
Aunque para mí es un magnífico descubrimiento, Ian McEwan es un autor muy reconocido a escala internacional. Ya hablé de él cuando leímos Nunca me abandones, porque junto a Ishiguro forma parte de una generación de escritores británicos que nacieron tras la II Guerra Mundial, que empezaron a despuntar a comienzos de los 80 y que han renovado el panorama novelístico del Reino Unido. Entre ellos, es el que más destaca, alabado por la crítica pero también por los lectores (se dice que cada nueva novela suya tiene grandes probabilidades de vender 200.000 ejemplares en tapa dura).
Nació en 1948 en Aldershot (Reino Unido) y tuvo una infancia muy viajera porque su padre era un sargento mayor y procurador militar escocés que trasladó a su familia por diversos lugares del mundo (Singapur, Trípoli, Alemania). Decidió abandonar sus estudios antes de entrar en la universidad para marcharse a Grecia, donde trabajó como barrendero. Volvió a Inglaterra y estudió en las Universidades de Sussex y East Anglia, donde fue el primer estudiante inscrito en el Curso de Escritura Creativo que dio Malcolm Bradbury (el de Las crónicas marcianas).
Ha estado casado dos veces. Su primer matrimonio acabó de una forma un tanto escandalosa en 1999 porque su mujer, en plenos trámites de divorcio, se fugó a Francia con su amante y se llevó al menor de sus dos hijos con ella, cuando la custodia de ambos se le había concedido a Ian. Ahora está casado con la periodista y crítica literaria Annalena McAfee y vive en el mismo centro de Londres, en Fitzroy Square, cerca de Oxford Street y la Torre de Correos, en una gran casa con un despacho para trabajar muy pecualiar, porque está dividido en dos ambientes: a un lado, el perteneciente al siglo XXI, con una gran mesa, ordenador y toda clase de última tecnología; a otro lado de la habitación, la parte de la escritura tradicional, a mano, con una gran mesa forrada en cuero. Se rodea de instrumentos musicales, piano y guitarra eléctrica, pues la música es muy importante para él: la novela perfecta es como una sonata con dos temas que sobre los que se da vueltas, se desarrollan y terminan en una coda.
Hace muy poco conoció un hecho de su vida que parece sacado de una de sus novelas: supo que tenía un hermano que sus padres habían dado en adopción y que habían mantenido en secreto hasta su muerte. Su madre estaba casada en primeras nupcias con una persona con la que tuvo dos hijos y al que engañó mientras se encontraba luchando en la II Guerra Mundial con el padre de Ian: de esa relación nació un hijo y al saber que su esposo iba a regresa, cuando el bebé contaba un mes, pusieron un anuncio para darlo en adopción, cosa que hicieron con una pareja que vivía muy cerca de ellos. Nunca contaron nada hasta que hace poco, ese hermano de McEwan empezó a investigar sobre su familia y lo encontró.
Ian McEwan es una persona que acepta su relevancia social pero no asiste casi a conferencias ni cursos de experto sobre su persona. Pero se involucra en toda cuestión social que le interese: ahora mismo le interesa mucho el cambio climático, los estudios sobre genética (a raíz de saber lo de su hermano), la psicología cognitiva y el terrorismo e integrismo islamista. Sobre esto, ha escrito otra de sus novelas más famosas, Sábado (2005), tras el impacto emocional que le produjeron los atentados del 11-S en Nueva York y los posteriores. Profundamente crítico contra toda forma de esclavitud religiosa y de integrismo, principalmente islámico pero también cristiano, aunque, según afirma, los occidentales ya nos hemos liberado de la parte peor de la religión cristiana, cosa que no han hecho los musulmanes y no es justo que empecemos de nuevo a luchar contra esto, cuando nosotros ya lo hicimos. Lucha enfurecidamente contra la censura que impera hoy en día contra la libertad de expresión en situaciones como las ocurridas a escritores como Salman Rushdie o Houellebecq.
Tiene editados una docena de libros entre novelas y libros de relatos con los que ha conseguido una gran avalancha de prestigiosos premios, no sólo en su país. Empezó a publicar cuando aún no había cumplido los treinta años, dos libros de relatos llamados Primer amor, últimos ritos (1975) y Entre las sábanas (1978), que junto a sus primeras novelas (El jardín de cemento, 1978; El placer del viajero, 1981; Niños en el tiempo, 1987; El inocente, 1990; Perros negros, 1992; y Ámsterdam, 1998), le valieron entre la crítica el sobrenombre de Ian McAbre (Macabro), porque son historias (aunque se fueron suavizando según avanzaba el tiempo) de gran sordidez y cargadas de perversidad. Los libros de relatos son un registro de perversiones sexuales que asedian al hombre común y en las novelas siempre hay un componente de disonancia tétrica o sombría y angustia existencialista.,
Pero con Expiación, ha entrado en una nueva etapa creativa, mucho más suave, con un afán por el realismo más luminoso, más centrado en los detalles y en la exploración de la psicología de los personajes y sus pensamientos, experiencias y sentimientos. Como Flaubert, cree que cualquier cosa se vuelve interesante si uno la mira con la suficiente atención.
Es un escritor muy preocupado por la estructura de la novela y por los personajes. Una de las características de su literatura es que entra a saco en lo cotidiano, donde todo, hasta lo más irrelevante, puede convertirse en insólito y lo más inocente en siniestro.
A la vez que empezaba a despuntar en el panorama literario, se dedicaba a escribir guiones para la BBC y para el cine. En Expiación, de la que recientemente se ha hecho una película de la que él es productor ejecutivo, supervisó el guión y el resultado le ha agradado, cree que Joe Wrigth ha captado la esencia de la historia y la ha trasladado con fidelidad. Sólo parece un poco descontento con Keira Knightley, pues dice que hizo una interpretación de Cecilia muy fría. Pero está encantado con la niña que interpreta a Briony.
Por otra parte, ha sido acusado de plagio por una de las partes de Expiación (la tercera, la del hospital), con la autobiografía de una escritora británica (Lucilla Andrews: No time for romance). Él mismo reconoce que le sirvió de inspiración y así lo dice en los agradecimientos del final del libro.
Tras Expiación, ha escrito Sábado (2005), en la que se habla del sentimiento de amenaza que se cuela en nuestras vidas tras los ataques a las Torres Gemelas, y Chesil Beach (2007), en la que se cuenta la noche de bodas de una pareja de principios de los años 60. En ellas, como en Expiación, se estudia el hecho de que un suceso cambia las vidas para siempre de varias personas.
Zaida.