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ALESSANDRO BARICCO: OCÉANO MAR (1993)

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Anagrama Barcelona


    En la Posada Almayer, llevada por unos niños, a la orilla de un bravo mar, hay siete habitaciones ocupadas por sendos personajes. Cada uno tiene su historia y cada historia su punto de conexión con el resto. Son seres cuyas vidas se bambolean como el mar que contemplan desde sus habitaciones.
    Allí está la joven Elisewin, con una extrema sensibilidad, que ha vivido siempre protegida por su padre: en un palacio donde los suelos están recubiertos por gruesas alfombras blancas para que los pasos no tengan ruidos, con jardines con caminos circulares que nunca forman un ángulo para que el encuentro con cualquiera se vea con antelación y no asuste, con tapices donde los hombres están representados volando y a lo lejos (“si no queda más remedio que haya hombres, que al menos vuelen, y muy lejos”). La acompaña el Padre Pluche, especialista en oraciones. También llega allí Ann Deverià, encerrada por su marido, para que su amante no la encuentre. El profesor Bartleboom, que escribe cartas de amor a la mujer de su vida, que aún no ha aparecido, y que dedica sus estudios a realizar una Enciclopedia de los límites verificables en la naturaleza con un apéndice dedicado a los límites de las facultades humanas, en estos momentos, intentando comprobar los límites del mar. El pintor de marinas Plasson, que pinta con agua de mar y nunca puede terminar una frase. Un personaje sin pasado, al que le pusieron el nombre de Adams. Y en la séptima habitación, alguien a quien no se ve.
    Cargado de lirismo, como Seda, pero también, y ése es para mí su fallo, de un experimentalismo formal extremo: intenta mezclar sucesivamente diferentes técnicas literarias, quedándose muchas veces la historia como un simple pretexto para experimentar con el estilo. El lenguaje en algunas partes llega a ser tan recargado y las metáforas tan difíciles que algunos párrafos se hacen muy cuesta arriba. También juega con los géneros literarios, no pudiendo encuadrar este libro en uno en concreto.
    En realidad, no sé si me ha gustado o no. Por una parte, las historias son magníficas, la prosa poética muchas veces llega hasta lo más hondo, el onirismo que impregna la “novela” es exquisito (como todo el tema de los niños que regentan la Posada), las oraciones del Padre Pluche tan sencillas y tan bellas… Pero el excesivo protagonismo de la técnica, que se hace tan plausible que le quita el protagonismo a la historia, no me gusta: creo que un escritor no tiene que hacer tan obvio su esfuerzo por escribir y a él se le nota este trabajo.
    Es el segundo libro de Alessandro Baricco. No será hasta tres años después cuando aparecerá Seda, donde también juega con las técnicas estilísticas y con los géneros, pero donde todo ello está más imbricado con la historia que cuenta y justificado por los acontecimientos que está narrando.
    De todas formas, es un escritor que merece ser leído.


Zaida

 

29/01/2010 09:15 exlibriscl ;?>

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gravatar.comAutor: Mercedes

Me encanta el comentario de Zaida. Estoy totalmente de acuerdo.
Mientras leía y, aún cuando terminé de leer Océano mar, me debatía entre el me gusta y no me gusta. No he pensado demasiado sobre las historias que cuenta, tal vez por eso no le he sacado demasiado jugo.
Creo que es inevitable la comparación con Seda. A pesar de ser posterior, a Baricco se le conoce más por éste. Quizás sea porque su técnica de escritura está más depurada, es una historia más redonda, con más unidad. En Océano mar parece que estuviese ensayando una forma de escribir que finalmente culmina en Seda.
La sensación que me quedó al terminar de leerlo fue de desconcierto. La reunión del club me sirvió para entenderlo mejor. Muy acertado el comentario de Inma.

Fecha: 30/04/2011 10:41.


Autor: Inma

Es difícil contar la historia de este libro como difícil es demostrar dónde acaba el mar o determinar si el blanco es la nada o lo es todo. Cautivadoras cuestiones vinculadas a unos singulares personajes ...que introducen al lector en una novela vorágine del mar o de la vida, dos conceptos que parecen ser una única realidad.
El mar como origen y fin, esencia del hombre y su universo, dimensión en la que vivir implica sufrimiento pero también consciencia, de la misma forma que no sufrir significa no vivir o permanecer en un estado de inocencia que no desarrolla al individuo plenamente. En este sentido Elisewin es el personaje que simboliza la ingenuidad y la pureza. Se nos revela como una princesa de cuento que encerrada en su castillo se mantiene a salvo de los posibles peligros que pudieran tan siquiera rozarla. Sin embargo, su existencia es blanca, en este caso sinónimo de vacía y tendrá que arriesgarse a sobrevivir fuera de su caparazón, abiertamente en el mar, soportando el envite de las olas, para que, afrontando sus temores consiga tener entidad y dejar de ser la princesa de un cuento infantil.
El resto de los personajes también son una alusión a las pasiones humanas: Plasson, el arte; Bartleboom, la ciencia; el padre Pluche, la fe; Ann Deverià con su belleza, el deseo; Savigny, el amor; Adams, el límite del ser y la desesperación, pero también la causa última que impulsa la mutabilidad de una realidad que sería eterna, el motor que origina y posibilita el cambio. Y el octavo y último huésped, al que sólo conocemos al final, podría representar al Creador, en tanto que como escritor es el que decide el destino de su obra/Obra.
Todos confluyen en la Posada de Almayer, punto incierto entre la tierra y el mar, recinto de un oráculo de ángeles, mágico limbo donde todas las preguntas tienen respuestas.
El resultado es un ejercicio literario que puede leerse como un poema en prosa, incluso nos podemos dejar llevar por su cadencia y sentir música en el flujo de sus páginas. Pero también se presta a una lectura más profunda dada su enorme carga simbólica. Desde este punto de vista, todo lo que he escrito es una interpretación muy personal, incluso pienso que una segunda lectura podría llevarme por otros caminos.
Para concluir y retomando el tema de las metáforas, se podría afirmar que un lienzo en blanco, como unas páginas en blanco, son sólo eso; sin embargo, un lienzo en blanco pintado con agua del mar puede representar la naturaleza íntegra porque participa de la generalidad de toda la creación, pero también para ojos inexpertos es un acto de fe, como para el padre Pluche que manifiesta su esperanza en unos preciosos monólogos con Dios o con dios. Así, las pinturas de Plasson “Océano mar”, son obras completas, y, cerrando el ciclo de su obra y de la vida y la muerte, y del principio y el fin, crea único dibujo figurativo que representa a un “hombre que se acerca al mar llevando en sus brazos a una mujer sin ropa. Luna en el cielo y reflejos sobre el agua”. Es una despedida y parte de un nuevo cambio.
La puntuación que le he asignado a esta novela ha sido un 9 y la banda sonora: Hope There´s Someone de Antony and the Johsons

Fecha: 20/09/2011 12:59.


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